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12/01/2018Alejandro Dorado Nájera



Pegada al rio y con la brisa de la mañana, llego a la escuela de baile, Dance Jazz en Lisboa, donde he quedado con Pedro Vieira Tomás, más conocido como Petchu en el mundo artístico. De origen angoleño, robusto, con una  mirada firme, segura y noble, Maestro Petchu es, a sus 48 años, reconocido como un gran coreógrafo, bailarín y profesor de danza. Es padre de dos hijos.

Su historia con el baile remonta a sus cuatro años en el seno familiar. Su abuelo, Liceo Vieira, fue uno de los que popularizó la danza Semba, un estilo musical tradicional que se baila en ocasiones familiares. Su tía, Duda Do Ku, fue la gran fundadora del grupo Ngongo en los años 1960. Maestro Petchu salió de Luanda haciendo lo que más le gusta, bailar.
 
 
 
Vivió entre artistas consagrados,  llevaba la música en sus genes y su interés por la cultura le permitió reencontrar sus raíces musicales. Todos los ingredientes necesarios estaban reunidos para convertirse en un gran artista. Su planteamiento era claro desde muy joven, dar a conocer sus raíces por el mundo, hacer todo lo que estuviera a su alcance por su cultura. Bailando dio sus primeros pasos y  llenó su alma de ritmos y tradiciones, decidió que tendría una misión en su vida: llevar su herencia por donde pasara.
En 1996 salió de su país con su arte y su grupo, como embajador de la cultura angoleña, llevó esos ritmos que no dejaban a nadie indiferente, intentó que se conociera de donde venían, cómo se bailaban  y  cantaban, para que se valoraran mejor y que se respetaran. Por cada rincón, dejaba un acorde musical, un paso de baile. La antigua Unión soviética, Polonia, Corea y muchos otros como Brasil, pudieron disfrutar de su arte.
 
 
 
Petchu vivió entre artistas consagrados,  llevaba la música en sus genes y su interés por la cultura reunía todos los ingredientes necesarios para convertirse en un gran artista.
Petchu, como le gusta que le llamen, desde los 11 años en los escenarios se plantea ampliar los conocimientos y recibir una formación que le permitiera   desarrollarlos. En 1986 recibe un entrenamiento con profesores cubanos y brasileños, enriquece  sus técnicas y amplía sus habilidades con otros ritmos, esto le permite estar más preparado. En Angola funda el ballet tradicional Kilandukilu, también en Brasil, participa en proyectos sociales en África y Brasil.
 
 
 
Su llegada desde Alemania a Portugal fue difícil, dura y muy complicada. Conocía a pocas personas y a pesar de su formación, no tuvo más remedio que trabajar en la construcción, restauración y en diversas actividades que le permitieran subsistir y mantenerse. Tenía claro que la oportunidad llegaría y por eso nunca dejó de formarse y ensayar para estar a la altura. Creer y pensar en sus raíces le dio las fuerzas para seguir y no desfallecer. Gracias a su fortaleza y seguridad, pudo mantenerse firme en la persecución de sus objetivos: hacerse visible y ser escuchado.
 
 
 
Tras tener su tarjeta de residencia en Portugal, decidió  buscar empleo en su ámbito. Presentó sus proyectos al Centro Cultural de Belén pero no encajaban con la filosofía del Centro. Sin desanimarse, siguió trabajando hasta que apareció un ángel de la guardia, un amigo portugués, que le abrió las puertas del mismo Centro Belen donde años atrás le rechazaron sus proyectos. Así lo cuenta entre risas: “Cuando volví al Centro Belén con mi amigo portugués, con mi camisa y corbata, fui muy bien recibido y escuchado, hasta me invitaron a tomar algo. Sentí entonces que por fin ya estaba donde quería. Ya había empezado, no había quien me parara. Y así fue”. Desde entonces sus espectáculos permanecieron en cartelera durante al menos cinco temporadas, atrayendo con gran éxito a la muchedumbre.
 
 
 
Treinte y siete años de carrera se dice muy pronto, pero no todo el mundo puede presumir de ello. Después de veinte años en Portugal, Petchu vive contento y orgulloso de haber alcanzado sus metas. Aunque es cierto que durante años lo pasó mal, ahora es una persona agradecida, ilusionada, satisfecha pero también con muchos sueños.
Gracias a su talento  artístico, contribuyó a dar visibilidad a África en Portugal mediante su participación en festivales y programas de televisión. Además participa en la integración de las personas migrantes colaborando en diferentes asociaciones que a su juicio son un pilar importante y una guía para los migrantes. Pero por otra parte echa en falta costumbres de su país como relacionarse más con sus vecinos, tener la libertad de circulación, la cercanía de la gente, etc. Acaricia el sueño de volver a Angola con la gente que le han apoyado en Portugal, pero no lo ve factible a corto plazo.
 
 
 
Petchu tiene muchos desafíos y miles de planes: trabajar para las personas que lo necesiten, formarse, seguir con su compañía de baile, ayudar a los que no tienen, tener más  dinero para ofrecer, hacer sonreír a los niños, etc. Habla de Portugal con mucho cariño: “De este país me gusta todo y estoy feliz, llevo mi música a donde quiero y se me ve y escucha, no puedo pedir más, mi labor acaba de comenzar y quiero que alguien tome el relevo cuando no este”.
Este guerrero del arte impresiona, no tiene miedo y es capaz de hacer bailar con sus tambores a los pasteles de Belén. Junto al rio y con su risa, me despido de él, satisfecha y muy contenta de haberle conocido. Verle bailar y cantar es lo que quiero… ¡Quizás algún día!
 

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