Magrebís en París.

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26/04/2017Redacción eBiz Africa Review



Francia, el país de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad, símbolo de tantos acontecimientos que han cambiado el curso de la historia contemporánea en todos los ámbitos, saca su fuerza de su composición multicultural y París es su capital. 

Es una de las ciudades más creativas y expresivas del continente europeo. En esta ocasión nos paramos para compartir el día a día de la comunidad de origen magrebí que forma parte de la población de la Ciudad de la Luz.

 

Mess Messouda, 33 años, marroquí

Ella y su marido llegaron a Francia en el año 2000, principalmente por razones médicas. Al principio, el cambio fue relativamente fácil para ella puesto que ya conocía el país, habiendo nacido, y pasado su infancia hasta el último año de secundaria en Francia. Sin embargo, Mess esperaba encontrar un empleo rápidamente para hacer frente a sus necesidades. En cuanto a su marido, el traslado fue un verdadero sufrimiento puesto que a penas se desenvolvía con el idioma, y tampoco se hallaba en este nuevo contexto cultural y ambiental. Además, el dejar atrás a toda su familia siendo el único hijo varón también contribuyó a este sufrimiento. 

Cuando le preguntamos si se siente integrada, esto fue lo que respondió: «Yo no diría que me siento especialmente integrada. Por otra parte me cuesta trabajo comprender el sentido profundo del término integración. Somos franceses, musulmanes y, visto el clima actual, parece difícil sentirse integrado sin concesión por parte de Francia. Sin embargo, tengo mi empleo, mi familia y me siento relativamente satisfecha. Vivimos dichosos con los altibajos inherentes a la vida.»

 

Lo que más echan en falta es la mentalidad, la generosidad y el calor humano de sus compatriotas

 

Lo que más echa en falta de su país de origen es la mentalidad, la simpatía, la generosidad y el calor humano de sus compatriotas. Las riquezas patrimoniales y geográficas son también fuente de grandes nostalgias. Ella se llevaría de Marruecos a Francia todas estas cosas que añora, pero, inversamente, también le gustaría poder llevarse a Marruecos el  sistema sanitario, las infraestructuras (carreteras, autopistas, accesibilidad, transportes), un poco de orden, las facilidades administrativas y las de la vida cotidiana en general (tiempo libre, ocio, salidas, etc.).

Lo que menos le gusta de Francia son las mentalidades prefijadas, los prejuicios, y la reiterada falta de tolerancia, la carestía de la vida y el exceso de impuestos de todo tipo (de habitabilidad, sobre la renta, el impuesto de valor añadido, etc.).

Mess no tiene muchos más amigos marroquíes que franceses. Debido, ciertamente, según ella, a su entorno de trabajo y ambiente (trabaja en un hospital en la región parisina) y cuando se le plantea la pregunta de si quiere volver algún día a Marruecos y jubilarse, nos responde lo siguiente: «Sería un buen final: volver. Pero no veo cómo, por el momento. Pienso que haré como nuestros antecesores: volver a vivir en Marruecos cuando sea mayor. A día de hoy ese es mi deseo».

 

Yousef Tagham, 36 años, argelino

Yousef vino a Francia por sus estudios, la experiencia y el amor por viajar.  Reconoce haber sido bien acogido por la familia y se ha sentido en su ambiente en París. Disfruta del teatro, de comer, salir, conocer gente y, simple y llanamente, de  vivir. 

En cuanto a la integración, piensa que los valores y principios ya adquiridos en el país de origen, su Argelia natal, han hecho que se sienta integrado en Francia desde el primer día, «unos valores universales que no están relacionados con el lugar de residencia». Echa en falta muchas cosas, pero las más importantes son la familia y los amigos que viven en Argel. «Añoro mucho el  mar y a mi madre; las pequeñas salidas por Cabilia con mi padre, escuchando jazz y recorriendo la mágica costa mediterránea argelina».

Lo que le ha llevado a Francia es la calidad de vida, el nivel de los estudios y de la formación, el encanto de este bello país (ha vivido nueve meses en la Costa Azul), vivir sus convicciones sin complejos, sin censura y de forma natural.

Lo que podría hacerle volver a Argelia es la familia, solo la familia. 

En Francia disfruta de la cultura, la libertad, el país, la cocina, su situación geográfica (en el centro de Europa), la historia, los castillos, los teatros, la grandeza y, para acabar, la hospitalidad. Lo que no le gusta es el individualismo de las grandes metrópolis, la carestía de los alquileres en París, el metro, las huelgas, los conductores parisinos, la meteorología, y sin olvidar los fines de semana de dos días. 

Tiene amigos de todo tipo: franco argelinos, y argelino franceses, que son antes «amigos» que «originarios de».

Para Youssef, los valores aprendidos en su Argelia natal, han hecho 

que se sienta integrado desde el primer día

 

¿Volverá a Argelia? Yousef nos responde que todo depende del proyecto profesional y personal, que en la vida todo es posible. Para poder jubilarse, debe cotizar primero. Objetivamente, el sueño sería jubilarse en Andalucía. Sueños aparte, el lugar de la jubilación depende de varios factores y espera pasar su jubilación viajando, en Francia, en Argelia, en Andalucía… etc.

 

Assia Menas, 32 años, argelina

Tras sus estudios de ingeniería sus planes la llevaron a Francia para proseguir sus estudios en el campo de la farmacia y adquirir un doble grado, también por la facilidad del idioma.

 

Extraño mucho las costas argelinas. 

Ir a la playa al salir de la universidad o del trabajo y relajarme frente 

al mar es muy agradable

 

Su llegada a Francia fue un poco difícil, sobre todo por la añoranza de su familia. Se sintió también estresada a causa de las numerosas gestiones que se vio obligada a realizar. Tuvo un gran momento de duda en cuanto a la elección de su máster, pues cambiaba de especialidad y se salía de su trayectoria en el ámbito de los estudios. Actualmente, Assia trabaja en un puesto en CDI y, según ella, se encuentra bien arropada. Ha hecho muchos amigos, tiene sus pequeñas costumbres y recientemente ha obtenido la nacionalidad francesa. «Lo que echo de menos de mi país es, en primer lugar, a mi familia y diría que también la calidez del pueblo argelino; allí se puede abordar más fácilmente a la gente». Nos dice que también añora las costas argelinas. Ir a la playa al salir de la facultad o del trabajo y ponerse frente al mar es muy agradable.

Según ella, si pudiese se llevaría el sol de Argelia para dar alegría y dar más calor a sus jornadas parisinas, además de mayor apertura de espíritu a los parisinos, y añade: «lo que más me gusta de Francia es la riqueza de la vida cultural. Siempre hay cosas para hacer, muchos espectáculos y museos para visitar. En Argelia, desgraciadamente, eso no está tan desarrollado.»

Lo que menos le gusta a Assia es la relación de los franceses con el dinero y la falta de lazos familiares. Nos explica que tiene algunos amigos argelinos que, como ella, han venido para acabar sus estudios en Francia. Sin embargo, la mayoría de sus amigos son franceses o de otros lugares y los ha conocido dentro del ámbito laboral o de las salidas con sus amigos. No descarta regresar un día a Argelia, un país rico donde quedan muchas cosas por hacer, y no diría que no si se le presentase una buena oportunidad.

 

Zola Menas, 36 años, argelina

Zola dejó Argelia ante la falta de posibilidades de evolución profesional y las dificultades para ejercer correctamente su profesión, lo que era frustrante para una persona ambiciosa como ella. Decidió entonces retomar sus estudios para reorientarse profesionalmente y llevar a cabo investigación médica en Francia, puesto que, debido a las incompatibilidades académicas, no puede ejercer la medicina. También huía de una mentalidad social que no era compatible con su modo de vida.

Zola nos dice: «al principio me sentí mal, pero me adapto muy rápido y soy una persona sociable. Tengo muchas ventajas al encontrarme en Francia y no en otro sitio, tanto por el idioma como por la presencia de algunos miembros de mi familia y amigos próximos, pero el cambio siempre es un poco difícil al inicio».  

Le ha hecho falta poco tiempo para tener nuevos objetivos. Ahora todo va mucho mejor puesto que su situación es mucho más estable y posee los papeles que le autorizan a permanecer en territorio francés durante un año. Zola se encuentra bien instalada y puede dedicarse a cumplir sus perspectivas y a disfrutar de la vida.  

Me falta mi familia, mis amigos, ejercer como médico, el buen tiempo y el sol, tener tiempo libre y el sabor de las frutas y las verduras… bueno, quizás sean pequeños detalles pero, en cualquier parte, elegir conlleva siempre un pequeño sacrificio

 

Al plantearle la pregunta sobre su integración,  nos hace saber que es una palabra que no le gusta mucho, pues no se ha sentido nunca apartada. La gente no le hace sentirse diferente, quizás porque es una chica blanca de piel, porque habla la misma lengua, comparte la misma actualidad y bastantes otros puntos comunes, pero el sistema y la administración le recuerdan constantemente que es extranjera.

Zola nos cuenta: « me faltan mi familia, mis amigos, ejercer como médico, el buen tiempo y el sol, tener tiempo libre y el sabor de las frutas y las verduras, etc. Bueno, quizás sean pequeños detalles pero, en cualquier parte, elegir conlleva siempre un pequeño sacrificio»

Se llevaría de Argelia a sus padres y estaría tranquila de tenerlos en un país desarrollado con un sistema sanitario puntero, sin olvidar la generosidad de la gente. De Francia a Argelia, la lista para ella se alarga, ya que es difícil la comparación dada la enorme distancia entre un país en desarrollo y una potencia económica e industrial como Francia. Según ella, las tres grandes prioridades serían la educación, la sanidad y la justicia, y piensa que Francia tiene valores sólidos. 

Añade que lo mas importante para ella en Francia es un todo que se resume en el desarrollo, el acceso a los derechos, a la educación y a la cultura, el refinamiento de la gastronomía (panes y quesos para ella en particular) y las ayudas sociales, que son muy ventajosas en relación con otros países desarrollados. También el patrimonio francés: una buena unión que alía historia y diseño futurista, en lo que concierne a la arquitectura.

Al preguntarle por aquello que menos le gusta nos responde: «desgraciadamente es delicado. La relación con la inmigración es una preocupación a nivel mundial y, la falta de apertura de mente en relación con ciertas amalgamas (asociadas a los orígenes y las religiones). Creo que se levantan muros y se separa a la gente en clases por criterios escandalosos, y eso hay que denunciarlo, pues se aleja de los valores de la República, lo que es una pena»

La mayoría de los amigos de Zola tienen la doble nacionalidad franco-argelina, mantiene contacto con personas llegadas a Francia antes que ella y cuenta entre sus amigos a miembros de su familia y amigos de diferentes orígenes.

Zola se siente llena de energía para trabajar y le gusta saber que la jubilación está demasiado lejos como para pensar en ello en este momento. Se plantea seriamente, si las cosas no cambian, vivir su jubilación en Francia o en otra parte dejando la puerta abierta a otras posibilidades.

 

Rym Ghamgui, 25 ans, estudiante tunecina

Rym vino a Francia, a París concretamente, para terminar sus estudios de diseño de interiores, pues siempre fue su sueño estudiar en Francia, debido al nivel de educación superior en relación al de Túnez en lo que concierne a su profesión y a las mayores oportunidades profesionales.

El primer año no fue en absoluto fácil puesto que París le parecía demasiado grande y se sentía un poco perdida. Se encontraba cansada y deprimida debido a que pasaba mucho tiempo en el metro y le faltaba el sol. También le sorprendió la actitud de la gente, demasiado apresurada y bastante materialista. 

Rym se rodeaba de compatriotas, pero desde hace un tiempo, ha añadido franceses y personas de otras nacionalidades a su larga lista de amigos, lo que le ha ayudado mucho a sentirse más integrada

 

Con sus palabras nos dice lo siguiente: «después de tres años, me va mucho mejor. Felizmente para mí, tengo a mi familia materna que me ha ayudado mucho; vivo en casa de mi tía y eso me ayuda económicamente, pues no podría vivir sola. Sin embargo, eso tiene algunos inconvenientes, ya que no estoy del todo en mi hogar y debo respetar las reglas de la casa.

Lo que más añoro es mi familia más cercana, mis padres, mi hermana y mi hermano, que están en Túnez. Voy con frecuencia a Túnez, sobre todo en vacaciones de verano. También echo de menos el lujo que me suponía mi coche, por ejemplo, que no lo tengo aquí. La vida en París es cara e, incluso si dispongo de medios, los precios me parecen exagerados: visitas a los museos, restaurantes, vestimenta… todo, a decir verdad».

Lo que le gustaría traer a París es a sus padres. Lo que más aprecia es su evolución en la vida profesional y, lo que menos, el estrés de la vida diaria. Rym se rodeaba de compatriotas. Ahora, entre su larga lista de amigos, cuenta con franceses y de otras nacionalidades, lo que la ha ayudado mucho a sentirse más integrada. Rym piensa volver a Túnez, pero no enseguida, quizás tras algunos años de experiencia. Reconoce también que la situación en su país ha sido muy difícil tras la Primavera árabe y los atentados en Túnez.

  

Por Daria Skarzynska

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