La Gran Muralla Verde africana


18/12/2017Malembe Dumont Copero



Los resultados obtenidos a partir de la implementacion de los Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODM) han supuesto, en palabras de Ban Ki-moon, secretario general de las Naciones Unidas hasta 2016, «el movimiento contra la pobreza más exitoso de la historia», debido a que, de acuerdo con los informes oficiales de dicho organismo, hasta el año 2015 se había conseguido reducir un 50% el número de personas que vivían en el umbral de la pobreza extrema.

Sin embargo, estas medidas no resultaron tan exitosas en materia medioambiental debido a que, entre otros aspectos, desde 1990 las emisiones de CO2 han ido incrementando en más de un 50%, sin señales de desaceleración. En 2016, en respuesta a los retos globales vigentes, se aprobaron los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible de la ONU (ODS), entre los que se incluyen la «acción por el clima”, mecanismo con el cual se busca no solo atajar los diversos problemas que se debaten dentro de los nuevos objetivos, sino también fomentar una mayor participación por parte de la sociedad civil —se acusaba a los anteriores de carecer de este último aspecto—.


Los líderes de los países en desarrollo enfatizaron en la necesidad de que las principales potencias asumiesen un mayor grado de responsabilidad con respecto a la reducción de emisiones


A finales de 2015 tuvo lugar la celebración de la Cumbre de París, reunión de Estados en la que se logró llegar a un compromiso histórico que frenase las consecuencias de la contaminación y del calentamiento global. En dicha cumbre los líderes de los países en desarrollo, encabezados por China e India, enfatizaron la necesidad de que las principales potencias asumiesen un mayor grado de responsabilidad con respecto a la reducción de emisiones, al tiempo que establecieron sus líneas rojas, puesto que son los Estados más avanzados los que más contaminan.

Por su lado, los 79 países que forman el grupo África, Caribe y Pacífico (ACP, por sus siglas en inglés) anunciaron su apoyo a un acuerdo que, vinculándolos  legalmente, es inclusivo, justo, ambicioso, sostenible y dinámico.Una actuación global de estas dimensiones se hace, si cabe, más necesaria en las regiones que, aunque menos contaminantes, se ven más afectadas por las amenazas medioambientales. En la región del Sáhara-Sahel, las tierras fértiles son recursos vitales para la vida de millones de personas, no solo en lo que respecta a aspectos básicos como la comida, la seguridad o la producción agrícola, sino también como fórmula para la creación de empleo que pueda mitigar la crisis social que tiene lugar en la región.

Los 79 países que forman el grupo África, Caribe y Pacífico (ACP, por sus siglas en inglés) anunciaron su apoyo a un acuerdo que es inclusivo, justo, ambicioso, sostenible y dinámico
 

Se estima que un 83% de la población local depende de la tierra para sobrevivir. El Sahel se caracteriza por ser una de las zonas más pobres del planeta, puesto que al estar cerca del Sáhara, la región sufre numerosas sequías que, siendo cada vez más constantes, provocan numerosas hambrunas. Gracias al círculo vicioso provocado por la actividad humana y las pobres condiciones climáticas como la ausencia de lluvias (las estaciones de lluvia están cambiando, una prueba es lo que está ocurriendo en Senegal donde la temporada de lluvias ahora comienza en septiembre cuando tradicionalmente esto tenía lugar en julio), el deterioro de la tierra y el excesivo uso de los recursos naturales, el desierto está ganando terreno.

De hecho un 40% de la tierra y los recursos se están viendo degradados por la desertificación debido a lo cual está teniendo lugar un incremento de la pobreza, el hambre, el desempleo, la inmigración forzosa o numerosos conflictos. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura (FAO), dos tercios del continente africano han sido clasificados como desiertos o tierras secas. La drástica perdida de tierra arable, unida a las estimaciones de un incremento del doble de población en el continente para el año 2050,  sería un desastre en una región que lucha por salir de otros males.

Por todo ello, con el objetivo de hacer frente a este fenómeno, un numeroso grupo de Estados africanos ha decidido llevar a cabo lo que se ha denominado la Gran Muralla Verde africana. Pero, ¿qué es la Gran Muralla Verde africana?

La Gran Muralla Verde, es un programa panafricano, de más de 7 100 kilómetros de largo y 15 de ancho, inicialmente concebido en 2005 por el expresidente de Nigeria, Olusegun Obasanjo, y posteriormente integrado por la Unión Africana en el enfoque de gestión de los ecosistemas a partir de la declaración 137 VIII del año 2007. Con esta declaración se aprobó la «Decisión sobre la aplicación del Muro Verde para la Iniciativa del Sahara» o GGWSSI (siglas en inglés de The Great Green Wall for the Sahara and the Sahel Iniciative). Inspirada en la Gran Muralla Verde china —que ya estaba siendo desarrollado por las autoridades del país en el desierto de Gobi—, se presenta como un plan más ambicioso, ya que une a más de 20 países africanos junto a sus socios internacionales. Estados como Burkina Faso, Chad, Yibuti, Eritrea, Gambia, Malí, Níger y Senegal ya han desarrollado planes de acción para llevar a cabo la  GGWSSI, mientras que otros países como Argelia, Egipto, Mauritania y Sudán están en el proceso. Se trata, además, de un proyecto que cuenta con un notable apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CLD) y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial respaldado por la ONU (GEF) —la mayor fuente de financiación pública de proyectos ambientales de la ONU—.

¿Cuál es su objetivo? De acuerdo con el sitio web de la Gran Muralla Verde (www.greatgreenwallinitiative.org) el objetivo no es solo plantar una muralla de vegetación, sino que se trata de intentar evitar en mayor medida la degradación de la tierra y la desertificación en la región, así como apoyar a las comunidades para que se adapten al cambio climático. Lo que se busca es impulsar la recuperación económica y natural de la zona, algo que permitiría cultivar de una forma más sostenible y producir alimentos, avanzando de este modo en la lucha contra la pobreza. Los países participantes esperan que mediante la suma de esfuerzos a nivel nacional a través de las fronteras, la inversión y una mejor gestión de las barreras institucionales se pueda, no solo atajar lo ya dispuesto, sino también frenar el riesgo constante de conflictos entre las comunidades regionales.

Dicha iniciativa, además, se caracteriza porque está basada en un fuerte espíritu solidario que busca facilitar el mutuo aprendizaje en torno a un proyecto de cooperación sur-sur, no solo para  entender cuáles son las mejores fórmulas para trabajar juntos, sino también bajo qué condiciones. La participación de la comunidad local, tanto en la implementación como en la gestión, en la agricultura y en la generación de empleo, son otros de los aspectos centrales del proyecto. «La gente solía ir a las ciudades a buscar trabajo remunerado durante el período de escasez, pero desde que se inició el proyecto, esto ha cambiado», dice Papa Sarr, director técnico de la Agencia Nacional de la Gran Muralla Verde de Senegal. En definitiva, estamos hablando de un programa que busca cumplir los objetivos de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible (UNCSD) o Río +20, celebrada en el año 2012. A esos objetivos, ahora se les suman los 17 nuevos Objetivos del Desarrollo del Milenio y los puntos acordados por los Estados en la Cumbre de París.

¿Qué resultados se han obtenido hasta el momento? Desde su aprobación en el 2007 hasta el año pasado año 2015, aunque los resultados varían de nación en nación y teniendo en cuenta que sus efectos tardaran varias décadas en hacerse visibles, se han identificado ciertos avances en aquellos países que, como hemos indicado anteriormente, ya habían iniciado planes de acción para llevar a cabo la GGWSSI.

Según un informe oficial de la iniciativa, en Burkina Faso, Senegal o Nigeria, el uso de una tecnología mecánica inspirada en una práctica tradicional, conocida como el sistema vallerani, ha ayudado a restaurar más de 50 000 hectáreas de terreno pastoral, a través de la siembra directa de árboles nativos, arbustos y hierbas. Ésto, a su vez, ha ayudado a aumentar la producción de cultivos, resinas y forraje para el ganado.

Asimismo, en países como Malí, Burkina Faso, Níger y Etiopía, entre otros, se ha producido una regeneración natural que está permitiendo aumentar la tierra sostenible gracias al uso de técnicas de restauración de bajo coste, generándose una nueva forma de sustento local y numerosos beneficios medioambientales.

Un ejemplo de ello es Maradi, en Níger, donde los granjeros han rehabilitado las cualidades productivas de 5 millones de hectáreas de tierra. En ese país, el gobierno ha desarrollado zonas de modernización pastoral basadas en el concepto de semipastoralismo, centrado en la distribución de puntos de agua para corredores de vegetación y conseguir un aumento de la producción. Como resultado de estas actuaciones, grandes áreas pastorales han sido utilizadas de una manera más equilibrada y se han podido reducir los problemas de sobrepastoreo entre un 30% y un 45% desde la década de 1990.

En el mismo sentido, un informe del Programa Mundial de Alimentos sobre Senegal, detalla cómo pueblos de Widou Thiengoli pueden cosechar frutas y verduras frescas de las arenas secas del desierto, un subproducto de la iniciativa Gran Muralla Verde, que puede ayudar a combatir los problemas de desnutrición en zonas rurales del interior del país. Asimismo, según  la prensa, se han plantado ya unos 50 000 especies de árboles —entre otras especies, la acacia senegalesa, cuyo valor económico como materia prima recae en la producción de goma árabe que se utiliza principalmente como aditivo alimentario—.

En Malí el impacto social, según informa la BBC, puede llegar a ser altamente beneficioso, ya que la mejora en la calidad de la tierra y las oportunidades económicas pueden ayudar a frenar el terrorismo en el país. La Gran Muralla Verde africana, por ende, defiende las tierras de cultivo y medios de vida, mientras que ataca el flagelo de la pobreza y el extremismo. «Muchos jóvenes cuyo futuro habría sido probablemente unirse a la Boko Haram son ahora parte de las brigadas de extinción de incendios o parte de la brigada de la Gran Muralla Verde», afirma Elvis Paul Tangam, comisario de la Unión Africana para la Gran Muralla Verde del Sáhara y el Sahel, quien entiende que, frente al fracaso de la ayuda al desarrollo, este proyecto es el logro más grande ya que ahora las personas se identifican con el proyecto.

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