Serge Ibaka, el poder de un sueño

PolíticaCultura

El 18 de septiembre de 1989, Brazzaville (República del Congo), acogió en su seno a Serge Ibaka, tercero de los dieciocho hijos de su padre, aunque creció con 10 de éstos solamente. Nació en el hogar de Desiré Ibaka y Amadou Djonga, ambos jugadores profesionales de baloncesto en Congo. Se podría decir que el baloncesto fluía apasionadamente por sus venas. Desde muy pequeño empezó a jugar tratando de imitar a sus padres.

Sus padres, ambos jugadores profesionales de baloncesto en Congo, se podría decir que el baloncesto fluía apasionadamente por sus venas.

En su infancia, tuvo que soportar y superar  muchas adversidades dado que Congo fue un país duramente golpeado por la guerra civil. No obstante, desde los 7 años, encontraba cada día tiempo libre para  lanzar unas canastas con sus amigos en las calles de Brazzaville. A los 8 años de edad tuvo que afrontar la pérdida de su madre, difícil de asimilar para un niño de su edad si no hubiera sido por el apoyo de su padre y de su abuela por parte materna. Por otro lado, el país estaba a las puertas de una nueva guerra civil  de las más letales de la historia moderna africana.  La guerra hizo que millones de congoleños abandonaran sus hogares rumbo al norte del país.

Entre estas personas se encontraban Ibaka y sus familiares, quienes llegaron a Ouesso, donde Serge vivió situaciones tan dramáticas, como la falta de electricidad y agua.

A pesar de todas las circunstancias que dificultaron su infancia, Serge se aferraba a su sueño más que nunca aunque al principio solo apuntaba a ser un profesional a nivel nacional. A los 16 años se unió a Avenir du Rail, un equipo local. No tardó mucho en destacar por el talento natural que heredó y las enseñanzas fundamentales de Desiré, su padre. Jugando allí obtuvo una invitación para los “U18 African Championships” en Durban, Sudáfrica, donde fue nombrado MVP (jugador más valioso) por sus anotaciones y por ser el mejor reboteador. A su vuelta, fue cedido al equipo senior del Inter Club, consiguiendo ser nombrado el mejor en rebotes y el mejor pívot del campeonato nacional y de África, todavía en edad junior.

Pere Gallego, su representante en España, se encontraba en el campeonato y no tardó en comunicarse con Desiré para ofrecerle ayudar a su hijo a perfeccionar su talento con la condición de que tendría que ser en Europa. Primero estuvo en Francia donde jugó un tiempo allí antes de trasladarse definitivamente a España. No conocía ni el idioma, ni las costumbres, pero poco a poco se fue acostumbrando. Empezó a tener sus primeras aspiraciones a la NBA.