El anacardo y el algodón, en el centro de la economía marfileña


4/01/2018Alejandro Dorado Nájera



El Consejo del Algodón y del Anacardo de Costa de Marfil busca atraer inversión extranjera en estos mercados llenos de oportunidades.

El anacardo, hasta hace poco un fruto desconocido en España, se ha convertido en poco tiempo en el botín más codiciado de las batallas que se libran cada tarde en los bares de nuestro país por los populares cuencos de frutos secos.

Lo consumimos si preguntarnos a penas qué son o de dónde vienen; sin saber que, de media, uno de cada cuatro anacardos que encontramos en nuestro cuenco de aperitivos viene de Costa de Marfil, primer productor mundial del venerado fruto.

El cajú (Anacardium occidentale), como también es conocido este alimento, llegó casi de forma casual al país oesteafricano: se introdujo desde el noreste brasileño, de donde es nativo, como forma de lucha contra la desertificación dadas sus propiedades de crecimiento en climas áridos y suelos relativamente pobres —como los que se dan en las zonas de sabana y semisabana del centro y norte de Costa de Marfil— y sus propiedades como complemento alimenticio para las comunidades locales.

Aunque cultivado y comercializado desde hace treinta años, no fue hasta 2013 que esta materia prima comenzó a coger músculo en el país, siendo hoy un elemento vertebral para las comunidades rurales de Costa de Marfil y el tercer bien más exportado del país —tras el cacao y los derivados del petróleo—.

Costa de Marfil es el primer productor mundial de anacardo

 

De forma esquemática, la economía marfileña, y sobre todo la de las comunidades locales rurales, pivota sobre cuatro cultivos: cacao y café —para el sur del país—, anacardo y algodón —para el centro y norte—. Para mejorar las condiciones de vida de los productores y aumentar el rendimiento de los otros eslabones de la cadena de producción —compradores, exportadores y transformadores—, existen en Costa de Marfil dos consejos reguladores: el Consejo del Algodón y del Anacardo y el Consejo del Café-Cacao.

Como nos cuenta Adama Coulibaly, director general del Consejo del Algodón y del Anacardo, «con la reforma del sector emprendida en 2013 por el actual presidente Alassane Ouattara [en el poder desde 2011] se dio el paso de la ecología a la economía». «En 2013 Costa de Marfil producía 480 000 toneladas de anacardos; en 2015 fueron 715 000».

¿El secreto de este espectacular aumento de la producción? Adama Coulibaly no tiene dudas: «La fijación de un precio mínimo, a partir del cual se dejan actuar a las fuerzas de la oferta y la demanda para llegar al precio final que se paga al productor, ha motivado que ahora el cajú sea considerado por las comunidades locales como una buena forma de ganarse la vida», y apunta, «este aumento de la producción no se debe a nuevas plantaciones, sino que es producción que anteriormente quedaba sin recolectar en los campos debido a su bajo rendimiento y que ahora tiene valor». Para Coulibaly, esta forma de fijación de precios funciona para el anacardo, pero no tiene porqué funcionar para otros bienes como el cacao «en el que funciona un sistema de precio flotante combinado con un fondo de compensación con el que se indemniza a los productores cuando el precio internacional es demasiado bajo».

Adama Coulibaly, director general del Consejo del Algodón y del Anacardo.

 

El sector tiene, sin embargo, un gran obstáculo que superar: el de la transformación del producto. Actualmente el país solo posee una capacidad de transformación de 1/7 de su producción. Para más inri, las unidades de transformación marfileñas únicamente funcionan al 40% de su capacidad, con lo que solo alrededor de 40 000 de las más de 700 000 toneladas de anacardo se transforman en Costa de Marfil. «El resto se exporta en bruto, a Asia especialmente, y llega a las mesas de Europa o Norteamérica sin trazabilidad: se ha perdido el Made in Côte d’Ivore», sentencia Coulibaly. Para superar esta situación, el gobierno se ha propuesto atraer inversores que colaboren en el aumento de la capacidad in situ para llegar a trasformar el 30% de los anacardos de aquí a 2020. Exenciones de impuestos a la exportación, primas a la inversión, establecimiento de zonas industriales —en Bouaké, Korhogo, Bondoukou y Séguéla—, todo está preparado para recibir inversores extranjeros, entre los que Coulibaly destaca a los españoles por su experiencia puntera en la industria agroalimentaria.

Pero el anacardo no es solo valioso por su nuez. Como quedó patente en el pasado SIETTA (Salón Internacional de Equipos y de Tecnologías de Transformación del Anacardo), que se celebra en Abiyán, el fruto puede utilizarse para hacer zumo, confitería, alimento para animales, biomasa, cosméticos e incluso bioplásticos. Además, un subproducto de su cáscara, el CNSL (cashew nut shell liquid) es utilizado en aeronáutica como líquido de freno para los aviones. Con la vista puesta en la próxima edición de SIETTA 2018, Adama Coulibaly pretende presentar todas las posibilidades que brinda el cajú para atraer inversores a Costa de Marfil y convertir esta cita en un referente mundial de innovación agroalimentaria.

El algodón (Gossypium sp.) es el bien que acompaña al anacardo en la gestión del Consejo. El sector pasa por peores momentos que el cajú, con una bajada de la producción en 2016/17 que dejó la cosecha en las 321 000 toneladas de algodón bruto, desde los máximos de la campaña 2014/15 (450 000 toneladas). Esta disminución en la producción algodonera hizo a Costa de Marfil caerse del pódium de África Subsahariana, colocándose en 4º puesto tras Burkina Faso (683 000 toneladas), Malí (645 000) y Benín (380 000). Adama Coulibaly se muestra, no obstante, optimista en su evaluación del sector: «Pronto la reforma de 2016, que reordena el mercado haciendo más difícil las malas prácticas y protegiendo al agricultor, empezará a dar sus frutos y recuperaremos músculo productor».

El mayor desafío es, como en el caso del anacardo, la falta de capacidad de trasformación del país oesteafricano. La separación de la fibra y de la semilla se produce en el país. La última se queda, transformándose casi en su totalidad en Costa de Marfil y convirtiéndose en aceite, jabón, pastelería o comida para animales. Pero la fibra viaja lejos, exportada a Asia —a países como Filipinas, China o Vietnam—, donde están los centros de confección, y solo 20 000 de las 130 a 150 000 toneladas producidas anualsmente son transformadas en Costa de Marfil: otra oportunidad perdida para el país, que intenta atraer inversión para poder añadir valor en la cadena de producción nacional.

El mayor desafío para el algodón, como en el caso del anacardo, es la falta de capacidad de trasformación del país oesteafricano

 

Para llamar la atención a la comunidad inversora internacional sobre estas oportunidades en la industria transformadora marfileña del anacardo y del algodón, Adama Coulibaly cuenta con dos herramientas principales.  

Por un lado las ferias y eventos internacionales. Durante el próximo año, Costa de Marfil va a acoger, además del SIETTA 2018, la 2º asamblea de la Alianza Africana por el Anacardo—ACA— o la 77º reunión del Comité Consultivo Internacional del Algodón —ICAC, con sede en Washington D.C., Estados Unidos—, un evento al más alto nivel que atraerá a más de 500 actores del mercado algodonero de países productores, transformadores y consumidores. 

Por otro lado, y para el caso específico del anacardo, los países productores de este fruto cuentan con un nuevo instrumento de influencia: el CICC —Consejo Consultivo Internacional del Anacardo—, una organización internacional creada en 2016 que velará por el buen funcionamiento de este mercado global, de vital importancia para países los productores, a semejanza del ICAC para el algodón o la Organización Internacional del Cacao —ICCO, repatriada en 2017 de Londres hasta Abiyán—. Con nueve Estados miembro —Senegal, Guinea-Bissau, Guinea, Malí, Costa de Marfil, Ghana, Togo y Benín— y las puertas abiertas a países productores, transformadores y consumidores, esta organización está llamada a dinamizar este mercado de futuro al que deberemos estar atentos.

 

Por Alejandro Dorado Nájera. @DoradoAlex

 

 

 

 

 

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