Cabo Verde, la apuesta segura

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28/09/2017Alejandro Dorado Nájera



La historia política de Cabo Verde, archipiélago criollo situado estratégicamente en el medio del Atlántico, sirviendo de puente entre Europa, África y América, puede resumirse en una palabra: estabilidad.

 Cabo Verde es una excepción en su contexto regional. Un país que nunca ha sufrido revueltas violentas de importancia, golpes de Estado o guerra
 

Cabo Verde es una excepción en su contexto regional. Un país que nunca ha sufrido revueltas violentas de importancia, golpes de Estado o guerra. Su lucha por la intendencia de la metrópoli portuguesa se desarrolló en las planicies bisauguineanas. Fueron las élites cultas caboverdianas, abanderadas por Amílcar Cabral, Luis Cabral y Arístides Pereira entre otros, quienes dirigieron y dieron sustento ideológico a esa lucha que, desde 1963 a 1974, enfrentó al Estado Novo portugués con el rebelde PAIGC (Partido Africano por la Independencia de Guinea y Cabo Verde).

Tras la independencia en 1975, fue el PAIGC el que catalizó las ambiciones de los caboverdianos y el que gestionó la herencia lusa, imponiendo un régimen de partido único en el país en forma de república semi-presidencialista de cariz marxista-leninista. El año 1980, con el golpe de Estado que derrocó a Luis Cabral en Guinea-Bisáu, marcó el fin del sueño de la unificación de Ginea-Bisáu y Cabo Verde y el partido único, convertido en PAICV en el archipiélago (Partido Africano por la Independencia de Cabo Verde), siguió su propio camino bajo el liderazgo de Arístides Pereira, como Presidente de la República, y del histórico Pedro Pires, ejerciendo de Primer Ministro.

En la década de los 80 y principios de los 90s, estos dos líderes del PAICV fueron los que supieron leer el contexto geopolítico internacional, marcado por la caída del Muro de Berlín, los cambios políticos en la decadente URSS y la apertura de América Latina y África a las nuevas democracias. Comenzaron a liberalizar la economía y la política, lo que culminó con las primeras elecciones multipartidarias en 1991 que, contra todo pronóstico, dieron el timón del país a la recién formada oposición del MpD (Movimiento para la Democracia) de Carlos Veiga, como Primer Ministro y el recién fallecido António Mascarenhas Monteiro en la presidencia de la República. El traspaso de poder se realizó sin traumas ni excesos por parte del PAICV, algo excepcional en el contexto regional para un partido que había sido hegemónico en el país.

Tras diez años de impulso privatizador y liberalizador de una economía en la que la intervención estatal era la norma, el MpD del por entonces Primer Ministro Gualberto do Rosário, dio paso de nuevo al poder al PAICV con José María Neves a la cabeza del ejecutivo y Pedro Pires, antiguo Primer Ministro, en la presidencia de la República. Esta alternancia tranquila en el poder fue la confirmación de la solidez de las instituciones democráticas cabo-verdianas.

En el año 2016, con la celebración de elecciones legislativas, municipales y presidenciales, Cabo Verde ha vuelto a demostrar al mundo la calidad de sus instituciones democráticas, digiriendo de forma ejemplar unos resultados que han supuesto, una vez más, todo un movimiento telúrico para vida política caboverdiana.

Tras 15 años en el poder, el PAICV perdió las elecciones legislativas de marzo de 2016 cediendo la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional al MpD, que ha vuelto al ejecutivo de la mano del Primer Ministro Ulisses Correia e Silva con un programa electoral, “Compromisos para la Década”, que supone un giro copernicano respecto a la relación del Estado con el sector privado, con el foco puesto en la mejora del ambiente de negocio y, fiel a la tradición ideológica del MpD, la liberalización de los sectores económicos.

Las elecciones municipales de septiembre de 2016 -en las que el PAICV pasó de controlar ocho cámaras municipales a tan solo dos mientras el MpD conquistaba 18 de los 22 consistorios- y las elecciones presidenciales de octubre -vencidas por el presidente saliente Jorge Carlos Fonseca, apoyado por el MpD-, han supuesto otra vuelta de tuerca en este giro político que el país comenzó a dar en marzo.

 En el año 2016, con la celebración de elecciones legislativas, municipales y presidenciales, Cabo Verde ha vuelto a demostrar al mundo la calidad de sus instituciones democráticas
 

Estos resultados, con el poder local prácticamente en las manos del MpD, conforman un paisaje político que anula uno de los contrapesos institucionales con los que cuenta la democracia caboverdiana para evitar una concentración excesiva del poder: el de la descentralización. No obstante, el diseño constitucional caboverdiano conserva un resorte que explica la estabilidad de la que hace gala este pequeño archipiélago: “la relación entre los partidos es muy buena debido a un marco de relacionamiento en el que un acuerdo de 2/3 del Parlamento es necesario para reformas constitucionales, de la justicia, de la fiscalidad y de leyes de base” -explica el Ministro de Asuntos Parlamentarios Fernando Elísio Freire- “todo eso exige un gran esfuerzo de concertación y aproximación entre las fuerzas políticas, lo que ha dado como resultado que la mayoría de las leyes se hayan aprobado por unanimidad en estos 25 años de democracia”. 

Esta trayectoria y este respeto por el pluralismo y la democracia son los que  han colocado a Cabo Verde en el Democracy Index 2015 de The Economist como la 3º democracia mejor clasificada de África y la 33º a nivel global, por encima de Portugal y pisándole los talones a países como Francia. Es también uno de los países menos corruptos a nivel mundial según el Corruption Perception Index 2015 de Transparency Internacional, ocupando el puesto 40 -número 2 del continente africano-, y uno de los países más garantes de libertades civiles y derechos políticos del mundo según Freedom House.

Las autoridades caboverdianas son conscientes del destaque competitivo que les concede su estabilidad política e institucional respecto a otras economías. “Las ventajas de Cabo Verde son esencialmente intangibles: estabilidad social y política, nuestra proximidad y localización geoestratégica entre África, América e Europa y el hecho de ser un país confiable, con seguridad jurídica y previsibilidad en la relación con los inversores. ¡Es eso lo que tenemos que ofrecer como gran factor diferenciador!”, remarca el recién elegido Primer Ministro Ulisses Correia e Silva.

Sin embargo, esas ventajas competitivas no servirían de nada si no vinieran acompañadas de oportunidades de inversión extranjera y sin políticas públicas que las propiciaran. El Primer Ministro Correia e Silva nos da unas pistas sobre los sectores que su gobierno va a priorizar. En primer lugar “trasformar Cabo Verde en un hub marítimo de prestación de servicios internacionales: servicios de bunkering, apoyo a la pesca, reparación naval y todo lo relativo a la economía marítima”, aprovechando la situación estratégica del archipiélago y las infraestructuras preexistentes, como los astilleros de Cabnave, los puertos recientemente ampliados y modernizados de Praia y Mindelo o la nueva plataforma del frio para conservación de pescado y productos alimentarios de la misma ciudad.

Otras de las oportunidades abiertas están en el sector aéreo. Cabo Verde, con tres de sus nueve islas habitadas conectadas al resto del mundo por aeropuertos internacionales, quiere conformar un hub aéreo, aprovechando igualmente su posición privilegiada entre África, Europa y América. El país cuanta además con una compañía área pública nacional, la TACV, que será próximamente privatizada. La TACV es la “única compañía en África Occidental que es miembro de IATA y una de las únicas cinco compañías africanas acreditadas por la Agencia Federal de Aviación para poder volar a los Estados Unidos”, según el nuevo Presidente del Consejo de Administración, José Luis Sa Nogueira, lo que la convierte en una empresa muy atractiva para inversores extranjeros.

Las TICs y las energías renovables, son otros de los sectores donde Cabo Verde tiene ya un conjunto de competencias instaladas y el know-how para desarrollarlas, y que el nuevo gobierno del MpD, de boca de su Primer Ministro Correia e Silva, quiere privilegiar.

 Las ventajas de Cabo Verde son esencialmente intangibles: estabilidad social y política, nuestra proximidad y localización geoestratégica entre África, América e Europa y el hecho de ser un país confiable, con seguridad jurídica y previsibilidad en la relación con los inversores. ¡Es eso lo que tenemos que ofrecer como gran factor diferenciador!”, remarca el recién elegido Primer Ministro Ulisses Correia e Silva
 

Por supuesto, no podemos olvidarnos de un sector que lo envuelve todo en el país y sobre el que gira un 24% de la actividad económica caboverdiana; un sector que es vital para la obtención de las divisas que posibilitan que el país mantenga el cambio fijo de su moneda frente al euro y que da empleo a más del 20% de los caboverdianos: el turismo. Gualberto do Rosário, antiguo Primer Ministro y actual presidente de la Cámara de Turismo, lo ve claro: “nuestras playas y paisajes, nuestras condiciones ambientales, la singularidad cultural, la experiencia histórica, la paz y estabilidad social y nuestra previsibilidad nos colocan como un destino turístico con gran potencial. Además de eso, estamos a entre 3 y 6 horas en avión de todas las capitales europeas, nuestro mercado principal, ¡y sin jet-lag!”.  Hasta ahora el turismo desarrollado en Cabo Verde ha estado más orientado al sol y la playa, razón por la que se le conoce como el “Caribe de África” a lo que Gualberto do Rosário se rebela: “¡No somos el Caribe de África! ¡Cabo Verde es un destino específico y tenemos que saber vender esa especificidad!”. Para hacerlo, Cabo Verde tendrá que complementar este turismo balneario con una oferta más diversificada, abrazando otros sectores en los que tiene gran potencial, como el turismo cultural –como el de arquitectura colonial o el turismo de la memoria de las rutas esclavistas-, de naturaleza, de aventura o incluso el relacionado con la salud y el bienestar.

El turismo está llamado también a resolver uno de los retos económicos del país, como es la ausencia de escala: en un país de tan solo medio millón de habitantes, las inversiones voluminosas en medios de producción tienen más dificultades para ser rentables. El turismo añade, para este año 2016, 700.000 consumidores al mercado caboverdiano, más que doblando la población residente. Esto abre grandes nichos de oportunidad para el desarrollo de la agricultura y el agro-negocio en un país que tiene que importar la inmensa mayoría de los alimentos que consume por falta de producción local. Para Gilberto Correia e Silva, Ministro de Agricultura y Medio Ambiente, el mayor desafío es “apostar por la extensión de la agricultura rural, transfiriendo tecnología a los agricultores que les permita explotar los recursos existentes de forma sostenible, trasformando la agricultura de subsistencia en agricultura comercial” para nutrir el mercado local y en un futuro, poder exportar.

No es el turismo la única estrategia con la que cuenta Cabo Verde para superar su problema de escala. “El país, forma parte de la Comunidad de Estados de África Occidental, la CEDEAO, y ha firmado acuerdos preferenciales de comercio con Europa y con Estados Unidos, lo que le permite ampliar su mercado y superar la limitación de su pequeño tamaño”, como remarca, enérgica, Ana Lima Barber desde su despacho con vistas a las arenas de Praia. Esta dinámica abogada, al frente de Cabo Verde TradeInvest, la organización encargada de acompañar a los inversores extranjeros en su aterrizaje al país y de orientar a los empresarios caboverdianos hacia la exportación e internacionalización de sus negocios, rebosa optimismo sobre las posibilidades de Cabo Verde como centro de distribución de servicios y productos hacia y desde África. Este entusiasmo es compartido por el Ministro de Finanzas, Olavo Correia quien, haciendo gala de su pragmatismo, señala la mejora en el ambiente de negocios como reto principal a sobrepasar para que el país se pueda beneficiar plenamente de las ventajas de su estabilidad frente a sus vecinos: “estamos trabajando duramente para lograr el equilibrio macroeconómico –actualmente la deuda pública se sitúa en torno al 130% del PIB-, conseguir una Administración Pública desburocratizada y amiga de los negocios, además de emprender reformas en la fiscalidad para reducirla y hacerla más apetecible al inversor extranjero y asegurar que exista financiamiento para las actividades empresariales”.

Con todo, quizás la mayor riqueza que posee Cabo Verde sean los propios cabo-verdianos. No sólo desde un punto de vista económico, por ser uno de los pueblos mejor capacitados y más altamente educados del continente africano, sino desde el punto de vista humano. Un pueblo mestizo, que ve en la diferencia la fuerza que le vio nacer y que ve en la diversidad, riqueza; que acepta al extranjero con esa morabeza, esa hospitalidad caboverdiana expresada en las letras de las canciones de Cesária Évora o Tito Paris y que le hace a uno sentirse parte de ese mundo parte del mundo: Cabo Verde, el primer crisol de razas.

 

Alejandro Dorado Nájera @DoradoAlex

 

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